La tradición del Día de Muertos

No hay vida sin muerte. Es un hecho. No hay forma de escapar de ella. Aunque lleva consigo mucho dolor, en México nuestros ancestros nos enseñaron a celebrarla con colores, música, comida y sentido del humor.

El primer y segundo día de noviembre son días de fiesta en nuestro país. ¡Y qué fiesta! De hecho, la UNESCO nombró el Día de Muertos Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en el 2008 y recientemente Disney se llevó el Oscar a la mejor película animada con “Coco”, una historia basada en nuestra tradición mexicana.

Aunque la fiesta solo dura dos días, los preparativos inician semanas antes, pues cada año esta celebración se vuelve más linda y compleja de manera tal que ha atraído la atención de todo el mundo.

Aunque los orígenes del Día de Muertos datan de la época prehispánica, después de la conquista sufrió algunos cambios. En sus inicios, esta fiesta se hacía en honor al dios del inframundo. Él estaba encargado de definir el destino de las ánimas que, para llegar hasta ellos y alcanzar el eterno descanso, debían superar una serie de obstáculos.

De esta manera, al morir alguien cercano los vivos lo acompañaban en su camino al inframundo. El ritual comenzaba con los gritos y llantos de las ancianas de la comunidad. Se vestía el cuerpo con todos sus objetos personales y era alimentado (de manera simbólica) con sus platillos favoritos. Pasados cuatro días el difunto era enterrado o cremado. Momento en el cual comenzaba su trayecto hacia el más allá.

Para recordarlo, cada año se hacían grandes ceremonias en el lugar donde descansaban sus restos. Esto se hacía con la finalidad de ayudar al descanso de los difuntos y a que los familiares tuvieran un duelo más saludable.

Según la tradición los primeros dos días de noviembre estas almas nos visitan y es por ello que levantamos en su honor ofrendas con sus fotografías, platillos y bebidas favoritas.

El incienso, las veladoras y las flores de cempasúchil son usadas como decoración, sin embargo se cree que el aroma que desprende el copal, la luz que irradia la mecha y el color tan vivo de las flores guían a los muertos para encontrar su camino hacia el mundo de los vivos.

Entre otras cosas, las mesas de las ofrendas suelen tener también calaveritas hechas de azúcar, amaranto o chocolate, una de las aculturaciones del ritual, ya que originalmente se usaban cráneos humanos.

Asimismo, es muy común encontrar pan de muerto, no solo por su deliciosos sabor, también porque representa el esqueleto del difunto.

El Día de Muertos también tiene una gran tradición con un toque de humor, pero año con año se pierde más: las calaveritas literarias. Estos versos se usan para hablar sobre la muerte con humor y normalmente son dedicadas a alguien cercano, a alguna celebridad o bien con temáticas sociales, políticas e históricas.

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